sábado, 13 de noviembre de 2010

Las tareas de Candelero, como si fuera un día cualquiera

Aquel día fue un día que jamás olvidaré fue nuestro último día en nuestro hogar en Candelero, todo empezó allí y en ese momento. Nadie podía decirnos, a mis hermanos y a mi, que a partir de entonces viviríamos nuestras vidas de una forma muy distinta a la que lo habíamos hecho con anterioridad, fuera del calor de unas paredes, un techo y un hogar alimentado por leña, fuera de la vida recogida entre unas murallas bien protegidas, allí fuera...

Ya hacia tiempo que Gorrión, nuestro padrastro, se le notaba bastante preocupado, cualquiera hubiera dicho que era porque se estaba haciendo mayor, pero nosotros sabíamos que no era por eso exactamente, aunque las tareas rutinarias nos tenían lo suficientemente ocupados como para prestar atención a aquello que llegaba a acaecer en la mente de nuestro bien-amado padre.

Aquel día, lejos de parecer distintos que los anteriores, las actuaciones de Gorrión se tornaron más inquietantes si cabe, sigo pensando en que fallo en mi mente, en nuestra mente para que no nos diéramos cuenta de lo que podía suceder, y obedeciéramos las ordenes de nuestro Gorrión sin rechistar, para preparar un viaje que ninguno esperaba, con un entrenamiento al finalizar la mañana un tanto misterioso, digo misterioso, porque nos convocó a todos en el almacén 13 una vez acabadas nuestras tareas, y realmente el almacén 13 no solía traer buenas noticias, al menos a mi, aún recuerdo el día que, siendo aún muy niño, me aventuré dentro de el, y por poco no me abre la cabeza un barril, de no haber sido porque Jondalar, el instructor de combate pasaba por ahí y evitó la tragedia, probablemente no estaría  Canti, contándoos esta aventura.

Nos repartió las tareas, y todos nos dirigimos a nuestro destino. Mi primera tarea me dirigió a un sitio ya bien conocido, la posada de maese Whinthrop, me sentía a gusto con ese viejo posadero, y además me habían encargado la compra de un anillo bastante valioso, no se pagan 2000 piezas de oro por ningún anillo normal. Al llegar Whinthrop me asalto con algo que yo poco me podía esperar, por la confianza y la de clientes que le traía cada día a la taberna:

- ¡Bueno! Hola mangurrian ¿Habéis venido a visitar a vuestro viejo amigo Whinthrop? ¿Por
casualidad no habréis venido a saldar vuestra deuda de 2000 piezas de oro? Como bien sabéis ya no
volveréis a tener crédito en esta casa hasta que efectuéis el pago.
- Pero maese, yo toco para usted todas las noches que Danonino no se entromete, o que Gorrión no me vigila, un poco de piedad.

- ¡Ja, ja, ja! Simplemente estoy divirtiéndome un poco con vos, amigo. Puede que los monjes
caminen con bastones detrás, pero sabéis que siempre sois bien venido aquí. Ya saldareis vuestra
deuda un día de estos. Gorrión hizo un buen trabajo con vos. Tomad, el anillo que me pidió, ha
sido fácil obtenerlo a pesar de disminución de caravanas de mercaderes.

Esa mañana no había mucha gente, lo normal para esas horas, un borracho tendido sobre una mesa, Ezequiel hablando con Firebead, el anciano al que tenía que recibir de parte de Gorrión, y un grupo de personas cuchicheando, supongo que tomando la primera pinta de la mañana antes de ir a trabajar al campo o antes de empezar el turno en las murallas.

Con el anillo, y contento por haberme librado de una buena bronca, me dirigí a mi siguiente recado, me sentía pletórico, y aún más porque Gorrión me había enviado a resolver los asuntos de la bella Sasha Promiscuos, se rumorea por el pueblo que Sasha es una chica muuuuy abierta, y yo, por supuesto me ofrecí a comprobarlo, sin Danoninos ni Gorriones a mi alrededor, tenía vía libre, estaba pletórico, me había librado del pago de mi deuda con el tabernero, y ahora me dirigía a ver a Sasha, un día redondo, ¿no creéis?

Me pareció extraño que Sasha hubiera citado a Gorrión en el almacén del material de asedio. Al poco me di cuenta que bien podía ser verdad, es un despiste de chica, y en cualquier sitio te la puedes encontrar con algún problema, aunque, ¿una bibliotecaria en el almacén de material de asedio? A lo mejor Gorrión se traía algo entre manos con Promiscuos, y estando demasiado absorto en sus pensamientos, ha colado una tarea que más le interesaría completar el, yo iba a comprobarlo, y si era verdad no creo que Sasha tuviera problemas con uno de los pupilos de Gorrión, después de todo, aunque Gorrión diga que esta harto de los problemas de la chica bien podría ser que todo fuera un tremendo ardid para desviar las miradas que pudieran caer en esa dirección.

Entré en el almacén, hasta aquí todo normal, pero no la veo por ninguna parte, y que mejor manera de averiguar donde está que llamándola por su nombre, a lo que ella contesto:

- Estoy aquí cariño, detrás del almacén.

¿Cariño? ¿Cómo? Al final eran verdad mis últimas cavilaciones, no podía ser de otra manera, fui derecho a ver que sorpresa le tenía preparada esa fulanilla a nuestro querido papá. Me asomé y me encontré a la joven completamente desnuda, la cual al verme se intento tapar tan rápido como pudo.

- ¿Qué haces aquí? Imbécil. No, no lo hagáis. Hice lo que me dijisteis, le he mandado una nota
citándome con ese viejo carcamal, no, no lo haga…

No era a mí a quien dirigía estas últimas palabras, sino al bandido que se hallaba escondido entre las cajas, y que justo en ese momento había disparado a la muchacha sin contemplaciones, haciendo que está quedase tendida en el suelo, el rufián que la había asesinado se asomó, y me volvió a disparar, no con mucho acierto, cuando me abalancé sobre el con mi daga (las únicas armas de que disponemos en Candelero) el metal malo y quebrajoso del que están hechas se desintegró, al no acertar en mi oponente, sino en el suelo tan extenso que tenía alrededor, desde que el problema con el metal afecta a La Costa de la Espada, no hay ningún arma que resista muchos trotes, no estaba en condiciones de deshacerme del asesino, y así ahorrarles el trabajo a los guardias, y ya de paso colgarme una medallita, así que salí pies para que os quiero, en cuanto vi, que lo que desenvainaba mi contrincante no era otra cosa que una espada corta, que no era una espada larga, pero me iba a hacer pupa, eso os lo aseguro, así que decidí contárselo a la guardia tan rápido como me fue posible. Finalmente Gorrión no tenía nada con Sasha, alguien le tendió una trampa para asesinarlo, pero no creo que ese maleante hubiera tenido tiempo ni de decir mu, si hubiera venido Gorrión.

Directamente fui a encontrarme con el resto de mis hermanos al almacén 13, como Gorrión nos dijo, no sin antes pasar por el puesto de guardia a alertar a los soldados, para que se hicieran cargo de aquel tipo.

En el almacén 13 tuve que esperar al resto de mis hermanos, que fueron llegando, pasmado me quede al ver llegar a Danonino con 2 tipos sobre los hombros, y un tercero agarrado por el cinturón, diciendo que le habían atacado y que los guardias no les habían hecho caso.

Al poco rato apareció el guardián del portón:

- Os iréis pronto ¿no? A ver, Gorrión me pidió que os enseñara algo sobre las bellas artes del
combate en grupo antes de que os marcharais ¿No os llama la atención Cry-baby? Bien hijos. Una
cosa es que tengáis control sobre vuestra persona en el fragor de la batalla, y otra muy distinta
que impongáis vuestra autoridad sobre el grupo. Ahora no dispongo de tiempo ni puedo usar a
los guardias para enseñaros. Pero esta mañana a llegado al alcázar un ilusionista muy bueno, sus
ilusiones son increíbles, que hasta a mi me han parecido trasgos de verdad, incluso huelen como
ellos. Le he pedido a Obe, el ilusionista que cree unos cuantos simulacros para vosotros para
que podáis practicar. Os espera ahí, detrás de la puerta. Sacar provecho de las enseñanzas que
adquiráis.

Antes de que pudiéramos explicarle todo lo que nos había sucedido el tipejo nos empujó hacia dentro a los siete, cerrando la puerta tras nosotros, en cuanto el estruendo de la puerta dejó de resonar a través del hueco almacén misterioso, mientras yo recordaba aquella caja, casi con angustia, una voz retumbo en la otra punta del almacén:

- ¡Mira por donde! Los hermanos Cry-baby. El Guardián del Portón me ha "pedido"que
os prepare una fiesterita de despedida. Creo que toca una sesión de combate en grupo, es de
lo más sencillo. Como veis he evocado varias ilusiones de los monstruos más comunes que os
podríais encontrar lejos de la seguridad que ofrece este alcázar. Estas ilusiones os atacaran
muy salvajemente y con intención enfrentarse a vosotros. Pero recordad que estas criaturas son
ilusiones y no podrán haceros ningún daño. Eso si, harán todo lo posible para mataros, porque
en el mundo real, el dolor, el daño e incluso la muerte son pero que muy reales como vais a poder
comprobar ahora mismo.

Cuando nuestro ojos se acostumbraron a la tenue luz del lugar, pudimos distinguir a través de unas cajas amontonadas a una especie de mago con su túnica morada, con aires de superioridad, parecía más un listillo que un gran mago, no obstante también pudimos distinguir a 12 figuras más que remoloneaban alrededor de cajas abiertas, saltaban unos encima de otros, y se reunían en círculo, dando la sensación de no estar tramando nada, pero nada bueno. Aquellos trasgos no parecían ilusiones, un mago capaz de crear esas ilusiones no se las daría tan de listo, un mago capaz de crear tales ilusiones no nos habría dado ese discurso, aquellos bichos no tramaban nada bueno, aquellos bichos, junto con el mago tenían otro plan distinto del plan de Gorrión, matarnos.

- A por ellos mis pequeñines ¡Matadlos, matadlos a todos!

A su voz, los trasgos se dieron la vuelta hacia nosotros, y se abalanzaron intentando acabar con nosotros, desde la puerta fuimos, uno a uno, acercándonos a un punto donde sucedía toda la refriega, y donde creímos que estaríamos más a salvo que acorralados contra la pared, Danonino, Zumozol y Morion repartían a diestro y siniestro sendos espadazos y bocados, abatiendo a unos e hiriendo a otros, yo intenté por todos los medios golpear a uno, pero estaba claro que ese no era mi día, vuelta a errar y la cimitarra volvió a desmoronarse, y yo volví a maldecir entre dientes, mientras Buster seguía en la puerta con Laila, el ya sabía que tenía que hacer, por suerte, y por el rabillo del ojo, nuestra hermana no estaba en peligro, y Buster se limitaba a vigilar, a ambos lados por si el enemigo aparecía de repente. Pero entonces algo sucedió, lo se porque Laila dejó asomar el brillo de la afilada hoja de su espada por fuera de la vaina, y rápidamente, casi sin que Buster pudiera seguirla se lanzó contra quien había hecho caer, a uno de mis hermanos, Zumozol o Danonino, no me acuerdo muy bien quien de los dos, aquella pelea era peor que las peleas de taberna, a las que ya estaba acostumbrado, y podía controlar todo mi entorno.

Con Laila metida en el lío y Buster a su lado intentando protegerla, ya no tardamos mucho más en tumbar al resto de los seres que nos atacaban, cuando ya teníamos toda la situación controlada, oí como en la puerta alguien gritaba, realmente no recuerdo mucho de esa parte, en cuanto cayó el último de los trasgos, yo ya me sentía más aliviado, y me había olvidado del todo del mago, pero obviamente, ya había alguien que se había encargado de él.

En el post combate, y viendo que, una vez muerto el mago, y todos sus secuaces, ninguno de sus cuerpos desaparecían se confirmaron mis sospechas de que aquel mago no tenía nada más que palabrería inútil y chulería sobrepasada, algo le había llevado a querer matarnos, y el sabía nuestro apellido, parecía que necesitaba saldar una deuda con nosotros, pero aún no se que tipo de deuda, nunca había visto a un personaje tan extravagante, nunca lo había visto en la taberna, y ahí es por donde todo el mundo pasa...

Al salir, fuimos raudos a ver a Gorrión, necesitábamos hablar con el, todo era muy extraño, muchos ataques, durante nuestras tareas, un mago a cargo de unos trasgos, que realmente querían acabar nuestra vida, aquello no era un simulacro, algo grave estaba pasando, pero creo que nadie llego a sorprenderse del todo de este hecho, aunque las tareas del día a día nos tuvieran absortos de la forma de comportarse de Gorrión, conocíamos tanto a nuestro padre adoptivo, que realmente sabíamos que algo no iba bien.

- ¡Esto es horripilante! ¡Lo sé! Pero debéis confiar en mí. Es muy importante que hagáis
el equipaje para poder marcharnos de Candelero inmediatamente ¡Deprisa no hay tiempo que
perder! El alcázar esta bien protegido pero no es invulnerable. El enemigo ya ha conseguido
infiltrarse aunque débilmente.
- ¿Donde iremos Gorrión? - preguntó Danonino

- ¡Hijos míos! En verdad no puedo, ya que aún no lo he decidido. Lo que si es cierto es que
estaremos mucho más seguros cuando nos hayamos marchado. Quizás el bosque nos proporcione
un retiro seguro, o tal vez la ciudad de Baldur Gate nos ofrezca refugio entre la muchedumbre.
Tal vez mi viejo compañero E… pueda ayudarnos dándonos cobijo. No sé donde acabaremos, pero
tengo amigos aquí y allá. Mmmm… lo pensare durante el camino. De momento nos dirigiremos a
encontrarnos con unos amigos en el Mesón del Brazo Amigo.

Fuimos a prepararnos, recoger comida, re completar nuestro equipo, ordenar nuestros enseres, sin poder despedirnos de los nuestros, de los más queridos. Una vez hecho todo, volvimos donde Gorrión.

- Entonces ¡Partamos! Apretaos el cinturón y tener preparadas vuestras armas, porque un
gran y nuevo mundo se habré ante vosotros. Y tenéis que ir con cuidado, porque cuando cruzas
el umbral de tu puerta, un pie avanza a otro, y el otro lo vuelve a avanzar, no sabiendo donde
vuestros pasos os pueden llevar.

Al salir del despacho de Gorrión, todos juntos, empezamos a ver las primeras señales de lo que había sido todo el día guardias corriendo de un lado a otro, sacando cadáveres de algunas casas, llegué a ver incluso al hombre que me ataco mordiendo el polvo bajo las grebas de uno de los guardias, la joven Sasha, seguía igual que cuando me escape, ensartada con aquel virote, era como si la población se hubiera des aletargado ahora que nos íbamos. A Gorrión le llovían las preguntas, y la respuesta a estas era el silencio, o un duro, 'Tenemos que marchar', no llegué a ver realmente a Jimmy, pero yo sabía que el estaba ahí, permanecía vigilante en algún lado, no sabía donde estaba, pero alcé la mano y la agité a modo de despedida, haciendo uso de mi buen druídico, balbuceé un 'Volveremos a vernos, cuando ya sea un miembro de los Fochlucan', y sabía que el había sonreído.

Avanzamos durante 4 horas, internándonos en el bosque cerca de Candelero, se supone que me conocía aquel bosque casi de pé a pá, pero entonces me pareció muy diferente, las sombras eran toscas, duras, pesadas, se notaba en todos, Danonino, andaba a trastabillas detrás de Gorrión, que impresionantemente, parecía sentirse como pez en el agua al ritmo que habíamos tomado, Grim y Zumozol, iban detrás de nuestro hermano mayor Magín y Ezequiel les seguían, todos ellos parecían pesados, débiles, sin fuerzas en las piernas, Buster y Morion no parecían muy contentos, ni a gusto rodeados de árboles, y eso parecía muy extraño, yo me sentía morir por dentro, sentía que necesitaba parar, pero sabía que no podía. A mi lado, solo Laila lograba mantener la compostura de siempre, aún no comprendo cómo, la cara de felicidad era un constante, aunque caminaba a nuestro timo sin entretenerse, ella no perdía la alegría, me hubiera gustado ser ella, en aquel momento, y poder alegrarme de la caminata que otrora hubiera disfrutado siendo Canti, pero hoy, había algo que no me dejaba.

- Apresuraos, la noche se nos hecha encima. ¡Esta oscureciendo! Hay que encontrar refugio
pronto.

Gorrión nos seguía apresurando, ciertamente las sombras que veíamos ya eran parte de la noche, incluso llegó a cerrarse más cuando una ligera llovizna cayó sobre nosotros, haciendo aún más pesada la caminata, mas dura, con menos luz. No lo estábamos disfrutando.

Llegamos a un claro en el bosque, un circulo de piedras había sido colocado por alguien en algún momento, sin que ninguno nos diéramos cuenta Gorrión, nos apremió:

- ¡Esperad! Algo ocurre, aquí. Esto es… ¡Una emboscada! ¡Corred hijos míos! ¡Corred!

Fue automático, nadie de los nueve seres, sin incluir a Gorrión, que nos encontrábamos en aquel grupo se quedó para presenciar lo que vendría después. Teníamos mucho miedo.

- Sois perspicaz para ser un anciano. Sabéis porque estoy aquí. Rendíos y nadie resultara
herido. Si oponéis resistencia, estaréis desperdiciando vuestra vida.

Nos refugiamos bajo unos helechos, rebozándonos en el barro, muy atentos a lo que estaba sucediendo. En ese momento, Gorrión estaba de pie ante una especie de soldado enfundado en una armadura rodeada de pinchos, nada bueno, nada bueno, me recorrió por la mente, miré a mis lados, y todos parecían estar pensando lo mismo, pero nadie tenía pinta de querer saltar al ruedo, aquello parecían palabras mayores, y Gorrión nos hizo huir para que sobreviviéramos. Pero eso significaba que ...

- Sois un necio si creéis que voy a confiar en vuestra benevolencia. Echaos a un lado y vos y
vuestros esbirros no sufriréis daño.
- Lamento que penséis así, anciano.

De entre los árboles detrás de aquella mole, aparecieron dos ogros, enormes, feos, y aunque la lluvia tapaba los sentidos y limpiaba el ambiente sabíamos que, probablemente, olían mal, muy mal. Se dirigieron hacía donde estaba Gorrión, lentamente de entre las sombras que los ogros dejaron atrás aparece una mujer de rasgos orientales vestida en lo que podríamos llamar trozo de tela que poco dejaba a la imaginación. Aquel soldado empezó a acercarse, sin prisa pero sin pausa, acortando distancias con Gorrión.

De la palma de Gorrión se propagó un terrible rayo que fulminó al instante a uno de los ogros. Acto seguido, la mujer cayó, en respuesta de una conversación arcana entre nuestro padre y ella, al otro ogro no le esperó mejor suerte que a su compañero. A todo esto el guerrero ya había llegado al cuerpo a cuerpo contra Gorrión, y en este momento, ya solo podíamos confiar en la suerte, que la suerte estuviera con nuestro padrastro, y que no tuviera que utilizar su bastón, el es muy malo con las armas. Pero no tuvimos la suerte de nuestra parte, aquel guerrero parecía invencible, todos los conjuros impactaban contra el, Gorrión le bombardeaba, pero el ni se inmutaba. Después de que nuestro padre, agotase su último conjuro, el guerrero de las púas alzó la espada la blandió hacía abajo, y partió a nuestro padre por la mitad.

Aquel momento fue, muy lento, fue muy agobiante, el aire había desaparecido, vimos a ambas mitades del cuerpo de nuestro padre adoptivo, cayendo al suelo, lentamente, rebotando contra la suave y mojada hierba, en aquel momento, no podíamos huir, nos descubrirían, pero aunque hubiéramos podido, no estábamos en condiciones, parecíamos estatuas, no nos podíamos mover.

El guerrero se giró hacía la zona del bosque hacía la que habíamos huido, se dirigió a recoger a la mujer, y desapareció

Estábamos solos, a pocos metros de nosotros, yacían las dos mitades de nuestro amado padre, Gorrión, quien nos había protegido hasta exhalar su último aliento. Llovía, estamos sucios, nos acurrucamos los unos a los otros, hasta quedarnos dormidos, esperando que el día siguiente fuera mejor, pero yo, no tenía muchas esperanzas puestas en ello.

La noche se apagó en mis ojos, y se fueron apagando muchas otras de las personas que he conocido en Candelero, preguntándome si los volvería a ver, Jimmy, el tabernero, Bros ... cerré los ojos y dormí.

1 comentario: